30 dic. 2013

La chispa adecuada

que se choquen los planetas
que se acabe toda esta histeria
que se mueran los traidores
que el ideal se haga grande
y con el, los loables

que mueran los malos de los cuentos
que se jodan los perversos
que le den a los imperios
que vuelvan los lentos
para bailarle a tus ojos
 color café.

que la música en el aire se haga eterna
que encuentren alas los poetas
que no rompan más la tierra.
que no rompan mi corazón.

que no maten las flores
ni se acabe el agua
que el mameluko lo lleven
los que juegan con las balas

que no amanezca por favor
si es que esto no cambia en la mañana
no me quiero levantar.

27 dic. 2013

Magdalena melancolía

Lo habían matado, al tipo, como a un perro. 
El fue quien cruzó las vías, en el cruce del Oeste con el Este, pero  es que todo pasó rápido, salió así, por que  unos vagos le querían robar. El, pobre, siguió su instinto de correr. Pero el tren no iba a parar ni lo iba a ver, y el tampoco iba a sentarse a pensar. Buenas o malas decisiones, según la circunstancia.
Y hasta muerto seguía siendo humillado; le robaron las zapatillas al muerto, y éste murió descanzo.
Pero poco importaba, si eran Nike o eran truchas, después de eso. Sólo se respiraba su ausencia. 
Él murió, y Magdalena también. 
Toda esta pena por unas zapatillas.

Ella lo estaba esperando, iban a encontrarse en la esquina de su casa. Cuando se enteró...cuando se enteró el mundo se le destrozó, y quedó desnuda, frágil, en la oscuridad.
Magdalena lo quería mucho, lo quería tanto que nunca dejó de llorar. A veces lo trataba de ocultar, al pasar de los días, por que ella sabía que moría gente todo el tiempo. Y que la gente, que había rodeado hasta al final a esas personas, sigue de pie, atropellada, pero de pie. 
No entendía como todo era tan siniestro; aún los  papás de él  no caían y tenían que estar con papeles burocráticos, reconocimientos tortuosos, y lamentos por doquier. 
Y ella, pobrecita ella, que no quería saber nada de nada. No quería abrir los ojos ni un poquito. Que sólo quería despertar de la pesadilla, o si ésta fuera realidad, dormir para siempre un rato más.
Todos los 21, todos los días, ella recordaba. Y tenía miedo, le decía a su mamá, tenía miedo de que con el paso del tiempo se le olvide su cara. Tenía miedo de terminar creyendo que nunca existió. Tenía miedo de que todo sea tan cruel como a veces parece ser.



"La gran mayoría de los muertos no tienen verdad, reparación ni justicia. Así es la muerte, así los asesinos, así la vida"

22 dic. 2013

Trenes, camiones y tractores

Viajé mucho esta semana; subtes, trenes, colectivos, caminatas. Esos lugares fugaces donde nadie se mira a la cara. Los trenes con su cumbia, palito bombón helado, tarjetas navideñas y gentes cansadas. Del calor, de la vida, del trabajo, de los nenes, de las deudas, de los problemas. Nadie dice nada; algunos con celulares, otros con auriculares, mirando a la ventana o a algún culo presente. En su mundo, aunque compartiendo el mismo tren. Sería tan diferente si nos acostumbráramos a saludar cuando entramos en transportes públicos. O por lo menos saludar al que está al lado. Sería más lindo, sí, hasta se viajaría mejor. (cómo me molesta la gente que no saluda al colectivero)
 El subte, cargado de su gente capitalezca, todos intentando parecer un poco más importantes de lo que se sienten en realidad, y a menudo. Se inventan personajes, se cargan de marcas, de historias, en realidad, tristes. Huyendo de la ciudad por el subterráneo, para luego subir y llegar a otro lado dentro de ella. 
En el bondi, unos locos se pusieron a tocar y a cantar. No era  a la gorra, por plata. Era por ganas, de, qué se yo, cambiar al Obelisco por un tobogán gigante, de pintar sonrisas en las muecas rotas. De cambiar el asfalto por pasto, de cantar una que sepamos todos. De que haya palmas, de que haya quilombo. 
Viajes largos, de una punta a la otra, atravesando lugares que nunca conocí, caras que no voy a volver a ver. 
Me senté en el tren con un libro.  Escuché música en el subte. Tomé una birra en el bondi. Caminé hasta por inercia, mirando al piso, sin querer ver a nadie. No paraba de pensar y pensar en las tantas cosas que tengo en la cabeza. Creo que al fin y al cabo, eso es lo que  hace la gente cuando viaja; la razón de su burbuja. Aunque tal vez otras personas tengan la suerte de llegar a una conclusión. Yo no.
Yo por lo general no encuentro una; pienso por pensar. Pienso por que no encuentro el botón de apagar, por que me sale así. Por que no se puede parar de maquinar. 
Remuevo lugares de la memoria de mil formas diferentes, abro puertas que hace años estaban cerradas. Imagino verte en alguna vereda mientras el semáforo está en verde. Me imagino de aquí a cinco años, de aquí a 20 más. Me imagino feliz. Me vuelvo a mí, me dejo estar. Cambio de lugar las palabras, redescubro canciones que tenía en la mente hace bastante tiempo. Invento contestaciones que nunca contesté. Las preguntas que siempre me guardé. Los secretos que jamás conté.  Como una bestia insaciable, juego a recordar. A intentar darme respuestas, o mentirme un rato más. 

16 dic. 2013

Así, cualquiera.

El fin de semana fui al bar. Somos un rejunte de 10, 15 mamarrachos que van siempre, que se sienten extraños en otros lugares, y terminamos en el mismo lugar de siempre. Tipo el bar de Moe, ponele.
No es nada de otro mundo, a mí me gusta así, el historial que tengo ahí es totalmente tachable y horrible, pero bueno, qué le vamo a hacer. Soy así. Somos así.
Entre birra, ferné, música, tirito y amigos nos encontramos hasta tarde. No sé que hora era exáctamente, pero más o menos eran las 5 y media, 6. Un tipo pasó. Miró de reojo.
 Leandro lo invitó a pasar. Pasan buena música, le dijo, y el tipo siguió caminando, parece no le interesó. Tranquilo, en la suya. Caminando.

Al rato vuelve a pasar el mismo tipo y así como así, se pone en la puerta, segurito, y le pide a todos que salgan afuera. Muestra el arma. 
No se zarpen, pónganse en fila. Saquen las billeteras, todos- Casi apuntando con el dedo, pero con el arma. -Vos, vos y vos. Uno por uno, billetera afuera. Dale.
Momento de mierda si los hay, por más que estés con 20 monos, están todos en pedo y jugados. No tira hacer bardo, aunque sea uno solo. Uno solito, sí, pero armado. 


Lo raro es que no le robó a nadie.
 Algunos tenían guita, otro no. Billeteras vacías, billeteras llenas, rejunte de nada.
Bien poronga el tipo, onda policía, pero no se presentó como tal. Seguramente no lo era. O era uno resentido. 
Un tipo menudito, bajito. Nadie. Pero claro, tenía una pistola.
Chau chicos que sigan bien. Algo así dijo. Se fue, caminando, como vino.
¿Qué era lo que buscaba?



-El inspector de billeteras- jodían después, algo aliviados.

Qué impunidad te da un arma, básicamente, si decía que te bajes la bombacha, te la tenías que bajar. Es la mierda que  un arma genera, el temor a una muerte segura. El sentir que esas manos tienen tu vida sobre las suyas. Y que no le importás nada, por que justamente por eso tiene un arma.  Que sos basura. Que así como viniste al mundo te vas, si el tipo tiene ganas, a la puta madre. 
Qué bronca me dan las armas, qué bronca me dan. Hasta el más pichi se hace el piola con una.
Así, cualquiera.


12 dic. 2013

Para cuando uno se pierde...

Qué me podría decir?
 Qué me querría recordar?

 Cuantas veces uno se pierde y deja de ser uno.
Cuantas veces uno se ahoga y no se rescata.

Me tendré que acostumbrar al sol y extrañar un poco la luna.

Me tendré que peinar un poco más, 
y callarme o abrir más la boca.

Me diría que sea yo misma en cualquier situación;
 Me diría que jamás prometa lo que no puedo cumplir.
Ni que espere demasiado sentada en el mismo lugar.

Me diría, en una carta hacia mí,

como en el contestador de Cupido,
 que no le tenga tanto miedo a todo esto.

Que esto va a fluir

como todo fluye
 y el escenario cambia.
a veces, como quien no quiere la cosa.
y a veces, como quien jamás querría abandonarla.

Me diría que me acostumbre a lo inevitable

y que deje de jugar a la heroína a cada momento;
por que el mundo va a girar igual.
Sin mi consentimiento.

Que no me acostumbre tanto a perder,

que no me acostumbre tanto a ganar.
Que la vida es un panqueque
y a veces con poco dulce de leche.

5 dic. 2013

Días de calma.

Me encantan los días así, la paz que siento es inmensa. Vuelvo caminando por Larroque con los auriculares puestos; debería haberme tomado el bondi hace 3 cuadras, pero prefiero caminarlas, fumando un cigarro, cantando lo que esté en la reproducción del celular. Cantando, por que me gusta. Cantando, por que veo que la gente ya no lo hace. O se lo guarda para dentro de sus casas, o en boliches, alcoholizados. A mi me gusta así, caminando, tarareando, gritando. Me preguntan por la calle Pueyrredón, contesto, y sigo.
Llego a casa, como de costumbre no hay peloteros, ni música, ni payasos. Está como apagada, aburrida. Las perras se me abalanzan encima como si estuvieran esperando el milagro de verme a cada segundo. Milita siempre me espera sentada en el medio de la escalera; atenta a la puerta, a la ventana, a la calle. Entro al baño para hacer pis y siempre Kali se mete en una zambullida antes de que cierre la puerta. Mientras, la mimo un poco.
Abro todas las puertas y ventanas de la casa. Por lo general mi piesa es un desastre, y por lo general no tengo ganas de ordenarla. Aunque por épocas sí, o momentos, qué se yo. Eso siempre depende de cómo ande mi cabeza; la piesa de uno es el reflejo de su cabeza (hace unos días arrrrrrranqué todo lo que tenía pegado en la pared, ahora me quedó horrible pero bue, aunque un poco más presentable y ordenada). La quiero pintar de naranja, estos días, o antes de que termine este año.
Prendo la radio, bien fuerte, que se escuche en toda la casa. Música, siempre música, a menos que tenga ganas de escuchar la Pop. La radio que escucho últimamente es una que la descubrí, simplemente, por ponerme en frente de la radio y decir "pensá un número que quede lindo" y me salio 94.7. Y ahí está, todos los días prendida, es buenísima. Caché encima justo una de Lomas de Zamora. Tiene un nombre pedorro, pero bue.
Me molesta cuando no hay música en casa, me suena a la casa de Mente Siniestra, muy tajante, sobria, aburrida.
Por lo general cuando llego el loro está en un momento aburrido, por que nadie le da bola como para que se divierta. Puede estar horas y horas sin agua o un juguete y acá a todos les importa un p2. Me pasa a veces cuando estoy afuera que me lo imagino horas y horas sin saber qué hacer. Y no me vengan a decir que es un loro y que no se aburre y que no se qué, por que lo conozco más que nadie y tiene más alma que muchas personas.
Religiosamente todos los días le traigo algo de la calle; alguna plantita que encontré rara, algo de por ahí (una hebilla, un cable, alguna boludez) por que le encanta desarmar cosas; tiene récords en romper broches de colgar la ropa en menos de 5 segundos (mi mamá, obviamente, compra seguido eso a las puteadas)
Le lleno de ramas, hojas y flores la jaula todos los días.El está afuera igual.  Verduras, palos para asomarse y mirar un poco más alto, el cielo. Baja la cabecita, me deja hacerle mimos en el cuello, la cabecita. Todo. Cuando fumo porro se me acerca para que le tire el humo, le encanta.  Y cuando bosteza es muy tierno, y cuando dá la patita mucho más.
Ordeno un poco la casa por que generalmente es un desastre; para mimetizarse con mi piesa, seguro. Está  muy vieja, debe tener 100 años. Estilo chorizo, onda italiana o algo así. Es muy parecida a la de Esperando a la Carroza. Está dejada, pero la quiero igual. No me imagino en otra, ni tampoco podría ser de esas personas que se mudan cada dos por tres.
Cuando no me hinchan las bolas para hacerlo, me encanta ordenar y limpiar. Muchos adornos (o casi todos, para que no parezca tan fantasma) los hice o traje yo.  Las plantas y las flores también, regarlas y cuidarlas me hace muy bien. Es placentero, es divertido.
Y siempre termino en lo mismo, en el patio leyendo un libro o en el comedor, como ahora, tomando mates y bloggeando un rato. Siempre con la luz apagada, por más que sean las 7, 8 de la tarde. Detesto a las personas que prenden la luz de día en lugares donde el sol entra, me enoja mucho. Me gusta aprovechar el último saludo del sol antes de irse a dormir.





La mugre de Córdoba

Lo más triste del caso Córdoba, más allá de los saqueos, el miedo y las muertes, es el telón de fondo que se ve en la sociedad. No sólo cordobesa, no.  Se trata de la IMPUNIDAD, la gracia de robar y la triste condición que tenemos de creer que sólo nos "tenemos que portar bien" si somos hijos del rigor, es tristísimo. Al fin y al cabo todos se quejan con la policía; fuck the police, cobanis de mierda, fachos, blablablá. Pero la verdad es que se hacen necesarios (o por lo menos su esencia) para recordar que todo acto debería tener una consecuencia. Algo así como un Jesús colgado en la pared. Lo cual debería saberse bien sabido, sin necesidad de una pistola, unas esposas, o una mirada seca.
Córdoba es una provincia que tiene suma presencia policial;  te pueden meter en cana sólo por la pinta y eso es totalmente legal. El año pasado fui para allá (Córdoba capital y Capilla del Monte, dos extremos)  y recuerdo que en la Capital  todos los pibes hablaban de eso; de lo mierda que era la policía ahí, que querían "embellecer" las calles. Lo de siempre. 
Y un día, sólo un día en el que los trabajadores (por que más allá de ser "cobanis de mierda", son trabajadores) tienen un día de huelga (lo cual es totalmente legal y dada la situación era sumamente avalada)  la barbarie se destapa por la no presencia del cuerpo policial. ¿Por qué las ciudades capitales, las provincias importantes, tienen este desgaste de moral? ¿Es a caso la respuesta a tanta """"Represión""""? ¿Qué es lo que los mueve, si no es el hambre? La codicia, la forreada, la impunidad de hacer lo que realmente plazca. Por que yo creo que todas esas personas que estaban allí saqueando locales, no tendrían ningún puto problema de meterte un balazo si no le das la mochila, de revolverte el bolsillo adentro de un bondi, de pegarte un bife si estás mejor empilchado. Por que al fin y al cabo no se robaron arroz y leche, se robaron LCDs, cajas enteras de Vittone, llantas Nike o shortcitos Adidas. Son la mierda que todo este sistema del orto escupe. Hasta robaron un Cáritas, con eso lo digo todo. 
Para colmo es todo tan verga que ni el Gobernador de Córdoba puede tener los huevos bien puestos. Por que se quiere morir; porque contra lo que lucha todos los días, esa mugre de ciudad progre, en un sólo día le dio vuelta todo el partido. Algo así como "si nos organizamos cojemos todos" pero sin cojer, si no robar, desequilibrar, romper. Todo. 
Es la mugre que junta la mugrosa ciudad. Son la sombra que trae la noche, en esas calles donde querés pasarte de vereda. Toda metrópoli junta lo rico y lo pobre en un mismo lugar. En la Capital de Buenos Aires, en Rosario, donde sea. Donde de día caminan mujeres con vestidos elegantes, o sólamente una familia,  de noche están los descalzos, los piolas, los que se  quieren morir y no saben cómo. Y te cagan, te cagan a vos y se cagan en ellos.

Comentarios tipo " nosotro robamo' por que somo re piola, ustedes trabajen -mogólicos de mierda'' hacen que todo esto tenga una causa. Pobres.  Personas vacías. Personas carenciadas de moral, de ética. De un poquito, sólo un poquito de "humanidad". ¿Humanidad? 

Yo no los puedo, creo, ni siquiera culpar. Pobrecitos, si tienen padres son iguales a ellos, si tienen hijos van a ser iguales a éstos. No les importa el colegio, no les importa el trabajo de la gente. La junta es un desastre. Donde se mueven es un ambiente de mierda.  Les importa tener todo eso que te quieren vender todo el tiempo, por que al fin y al cabo no podrían interesarse en otra cosa, y por H o por B no lo pudieron tener. Y veían a todas las personas tipo familia Ingalls abrazados en el sillón mirando  sus SmartTv, con  ropa carita, con oportunidades amplias. que dijeron; ma'si, ahora lo voy a tener yo. Y les cabe, a cualquiera. Por que en estas situaciones, la liga cualquiera.  







mientras tanto...