30 jul. 2015

Duermes

sólo una vela te alumbra
y aún asi puedo ver
tu luna llena.

las sábanas aguardan,
impacientes, como yo
a que te muevas un poquito
para hacerle cosquillas a tus pies . . .

¿por cuántos caminos rosados
andarás brincando ahora?
¿seré yo quien te toma de la mano?

*

18 jul. 2015

Supervivencia

Cada vez que me enfrento a duelo con la temible hoja en blanco llueven en mí excusas, nubes de humo  y trivialidades,  charlas de clima y de almacén; palabras vagas en poemas al paso. 
Por que no puedo escribir lo que en realidad yo quiero. 

Lo hago en este preciso instante. No podría escribir tu nombre ni aunque viniera un ejército de golondrinas a picotearme la garganta. No estoy listo para eso, no quiero morir esta noche. 

Avenida Libertad

añoro un consejo de padre
una caricia de madre
cien perros que me abracen
y un letrero en cada esquina

no se a donde seguir 
no se cuando doblar
no sé dónde está 
la avenida Libertad . . .




El cerezo y el ruiseñor

"Al llegar Jane y sus dos compañeros encontraron una pequeña comunidad de hippies que vivían en algunas cabañas con monos, contra los cuales se defendían mejor que los indios, pero sin violencia. Con el techo de paja de una choza derrumbada acababan de encender una pequeña fogata al borde del agua. La mantenían brizna a brizna. Algunos dormían con el rostro cubierto de mosquitos, insensibilizados por la marihuana. Un pequeño grupo reunido alrededor del fuego minúsculo discutía con cortas frases, en un semi silencio, acerca de música, de amor, de Dios, de nada. Se apretaron un poco para agrandar el círculo y hacer lugar a los recién llegados.
Apenas se sentó, Harold comenzó a darse bofetadas en las mejillas y en la frente.
-¡Porquerías! -exclamó- ¡Imposible quedarnos aquí! ¡Vamos a pescarnos malaria!...
Su vecina sonriendo, le tendió un cigarrillo.
-¡Smoke!...They dont like it.
Sven tosía un poco.
Jane se envolvió la cara en muchas vueltas de una tela muy fina que había comprado por una monedita en un mercado. Al resplandor intermitente del fuego semejaba una extraña flor un poco maciza, o un pimpollo hinchado a punto de abrirse. Se protegió las manos y las muñecas con un poco de fango recogido al borde de la charca.
Sven no era pasto de los mosquitos. Jamás lo atacaban a él. Posó su guitarra sobre las rodillas.
-¡El amor! ¡El amor!- dijo un muchacho que venía de París - Ustedes me dan risa. ¿Qué es el amor? El deseo de acostarse y nada más.
Sven hizo sonar dulcemente una serie de acordes. Una familia de monos instalados en un techo se puso a chillar contra la música. Después se calló. En el silencio sólo quedó el fino tejido entrecruzado del vuelo de los mosquitos.
-Voy a contar una historia de amor -dijo Sven.
"En la primavera un ruiseñor se posa sobre un cerezo.
El cerezo dice al ruiseñor:
-Abre tus yemas, florece conmigo.
El ruiseñor dice al cerezo:
-Abre tus alas, vuela conmigo..."
-Todas las palmas que se juntan son parecidas- dijo el muchacho que venía de París-, tienen que concordar. Cacerola-caballo, pescado-ratón, dedo del pie-bigudí, y cada cual piensa que va a hacerlo entrar al otro en su juego.
Sven, todavía con más dulzura, lanzó otro acorde que hizo callar hasta a los mosquitos. Dijo:
-Cuento el fin de la historia...
"Entonces el ruiseñor abrió sus brotes y floreció. Y el cerezo abrió sus alas y voló llevando al ruiseñor"
El muchacho que venía de París no había comprendido bien y preguntó:
-¿Qué es eso? ¿Una fábula?
-No -dijo Sven- Es el amor.

En medio del zumbar de los mosquitos que volvía a oírse, quienes aún eran capaces de pensar soñaban, vagamente, maravillados, incrédulos, en la potencia de un amor que daba a un árbol el poder de transformar en alas sus raíces.
Sven desgranada una pequeña melodía, algunas notas, siempre las mismas. Dijo:
-Es raro...
Luego, después de un poco de música, insistió:
-Con Dios, es también raro...es la misma cosa."




--cita de Los caminos a Katmandú, de René Barjavel--

8 jul. 2015

Tal vez y por anticipo




Por anticipo te pido
si el desastre ocurre,
si la canción se destruye,
si el milagro no se cumple,
si cae la hoja,
y si se quema la cama,
y con ella
tu perfume y las sábanas;

Que no dejes ni un anillo,
ni un aroma que me recuerde a ti.
No quiero recordarte
y prefiero morir mil veces
antes que volver a nombrar
un nombre que no va a regresar.

Si vuelves es por que fuiste mío,
si no regresas es porque nunca me equivoqué.