12 abr. 2016

"AL propio tiempo estaba pensando: lo mismo que yo ahora me visto y salgo a la calle, voy a visitar al profesor y cambiar con él galanterías, todo ello realmente sin querer, así hacen, vive y actúan un día y otro, a todas horas, la mayor parte de los hombres: a la fuerza y, en realidad, sin quererlo, hacen visitas, mantienen una conversación, están horas enteras sentados en sus negocios y oficinas, todo a la fuerza, mecánicamente, sin apetecerlo: todo podría ser realizado por máquinas o dejar de realizarse. 
Y esta mecánica eternamente ininterrumpida es lo que les impide, igual que a mí, ejercer la crítica sobre la propia vida, reconocer y sentir su estupidez y ligereza, su insignificancia horrorosamente ridícula, su tristeza y su irremediable vanidad.
 ¡Oh, y los hombres tienen razón, infinita razón, en vivir así, en jugar sus jueguitos, en afanarse por esas sus cosas importantes, en lugar de defenderse contra la entristecedora mecánica y mirar desesperados en el vacío, como hago yo, hombre descarriado! Cuando en estas hojas a veces desprecio y hasta ridiculizo a los hombres, nadie crea por eso que les achaco la culpa, que los acuso, que quisiera hacer responsables a otros de mi propia miseria; pero yo, que ha he llegado tan allá que estoy al borde de la vida, donde se cae en la oscuridad sin fondo, cometo una injusticia y miento si trato de engañarme a mi mismo y a los demás, de que esta mecánica aún sigue funcionando para mí, como si yo también perteneciera todavía a aquel lindo mundo infantil del eterno jugueteo."

-cita de El lobo estepario, de Hermann Hesse
"EN la pared hay un agujero blanco, el espejo. Es una trampa. Sé que voy a dejarme atrapar. YA está. La cosa gris acaba de aparecer en el espejo. Me acerco y la miro; ya no puedo irme.
Es el reflejo de mi rostro. A menudo en estos días perdidos, me quedo contemplándolo. No comprendo nada en este rostro. Los de los otros tienen un sentido. El mío, no. Ni siquiera puedo decidir si es lindo o feo. Pienso que es feo, porque me lo han dicho. Pero no me sorprende. En el fondo, a mi mismo me choca que puedan atribuirle cualidades de ese tipo, como si llamaran lindo o feo a un montón de tierra o a un bloque de piedra.
Sin embargo hay algo agradable a la vista, encima de las regiones blandas de las mejillas, sobre la frente; la hermosa llamarada roja que me dora el cráneo, mi pelo. Es agradable de mirar.
Por lo menos es un color definido: estoy contento de ser pelirrojo. Ahí, en el espejo, se hace ver, resplandece. Tengo suerte: si mi frente llevara una de esas cabelleras que no llegan a decidirse entre el castaño y el rubio, mi cara se perdería en el vacío, me daría vértigo.
Mi mirada desciende lenta, hastiada, por la frente, por las mejillas; no encuentra nada firme, se hunde. Evidentemente, hay una nariz, ojos, boca, pero todo eso no tiene sentido, ni siquiera expresión humana. Sin embargo Anny y Vélines opinaban que tenía una expresión vivaz; es posible que esté demasiado acostumbrado a mi cara. Cuando era chico, mi tía Bigeois me  decía "Si te miras largo rato en el espejo, verás un mono".

Debí de mirarme más todavía; lo que veo está muy por debajo del mono,  en los lindes del mundo vegetal, al nivel de los pólipos. Vive, no digo que no; pero no es la vida en que pensaba Anny; veo ligeros estremecimientos, veo una carne insulsa que se expande y palpita con abandono. Sobre todo los ojos, de tan cerca, son horribles. Algo vidrioso, blando, ciego, bordeado de rojo; como escamas de pescado. "


cita de La náusea, de Jean P. Sartre.
"LA criada enciende las lámparas; apenas son las dos, pero el cielo está negro, ya no ve bastante para coser. Luz suave; las gentes están en sus casas, también habrán encendido la luz.
Leen, miran el cielo por la ventana. Para ellos...es otra cosa. Han envejecido de otra manera. Viven en medio de legados, de medallas, de retratos, caracoles, pisapapeles, biombos, chales. Tienen armarios llenos de botellas, telas, trajes viejos, periódicos; lo han guardado todo. El pasado es un lujo de propietario.
¿Dónde había de conservar yo el mío? Nadie se mete el pasado en el bolsillo; hay que tener una casa para acomodarlo. Mi cuerpo es lo único que poseo; un hombre solo, con su cuerpo, no puede detener los recuerdos; le pasan a través. No debería quejarme; sólo quise ser libre."

-cita de La Náusea, de Jean Paul Sartre.