12 abr. 2016

"AL propio tiempo estaba pensando: lo mismo que yo ahora me visto y salgo a la calle, voy a visitar al profesor y cambiar con él galanterías, todo ello realmente sin querer, así hacen, vive y actúan un día y otro, a todas horas, la mayor parte de los hombres: a la fuerza y, en realidad, sin quererlo, hacen visitas, mantienen una conversación, están horas enteras sentados en sus negocios y oficinas, todo a la fuerza, mecánicamente, sin apetecerlo: todo podría ser realizado por máquinas o dejar de realizarse. 
Y esta mecánica eternamente ininterrumpida es lo que les impide, igual que a mí, ejercer la crítica sobre la propia vida, reconocer y sentir su estupidez y ligereza, su insignificancia horrorosamente ridícula, su tristeza y su irremediable vanidad.
 ¡Oh, y los hombres tienen razón, infinita razón, en vivir así, en jugar sus jueguitos, en afanarse por esas sus cosas importantes, en lugar de defenderse contra la entristecedora mecánica y mirar desesperados en el vacío, como hago yo, hombre descarriado! Cuando en estas hojas a veces desprecio y hasta ridiculizo a los hombres, nadie crea por eso que les achaco la culpa, que los acuso, que quisiera hacer responsables a otros de mi propia miseria; pero yo, que ha he llegado tan allá que estoy al borde de la vida, donde se cae en la oscuridad sin fondo, cometo una injusticia y miento si trato de engañarme a mi mismo y a los demás, de que esta mecánica aún sigue funcionando para mí, como si yo también perteneciera todavía a aquel lindo mundo infantil del eterno jugueteo."

-cita de El lobo estepario, de Hermann Hesse

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