![]() |
las lágrimas bajan y los ángeles suben |
Mostrando entradas con la etiqueta Cerati. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Cerati. Mostrar todas las entradas
4 sept 2014
16 may 2014
Zona de promesas
Cada persona es un aguantadero de recuerdos; un sin fin de historias prestadas. Aunque queramos llamarnos auténticos no somos más que un mar enorme hecho de ríos ajenos. Si Julieta fue a Roma y te contó Roma de izquierda a derecha, en algún momento seguramente hables de Roma como si hubieses ido con Julieta.
De pequeños somos esponjas que absorbemos lo malo y lo bueno. Siempre que en la escuela se ven chicos desastres, generalmente se le otorga la responsabilidad al aire que aspira en su casa. Yo de pequeña siempre fui media rara, pero bueno, vaya familia, como para no serlo. De mi hermano absorbí millones de cosas, entre ellas dos amores; el gran Velez Sarsfield y al grandísimo, Grandísimo con g mayúscula, Gustavo Cerati.
Supongo que conocerán la historia, pero un pequeño repaso no le hace mal a nadie; Gustavo Adrián Cerati fue parido en Buenos Aires casi con guitarra en mano. Músico, cantautor, compositor considerado de los más influyentes del rock iberoamericano y como un grande de la música argentina. Que tiene tantos.
La fama lo conoció al ser el vocalista, compositor y guitarrista de la banda Soda Stereo, exitosa por donde se la mire.
En la época donde no había internet y la música en una computadora era limitada, contaba con la disco grafía entera de Soda y ya con algunos CDS de él solista, luego de que se disolviera la banda, como por ejemplo el primero, Amor Amarillo. Recuerdo que era pequeña y ya sabía todas sus canciones y las cantaba y las compartía con mi hermano, era un amor enorme el que sentíamos por Cerati. No hay canción de él que no sepa, que no sienta.
Las veces que tuve el privilegio de ir a verlo lo hacía con mi hermano, era un pogo hermoso donde si bien había kilombo no había bardo y era un montón de gente del palo que se emocionaba tanto como uno al verlo en el escenario. Me acuerdo que mi hermano, que me llevaba más de dos cabezas, o tres, me abrazaba saltando para que no me golpearan ni me llevaran por delante. En otros no, claro, cuando era un poco más grande, pero igual lo vivíamos muy juntos. Eran momentos muy lindos. Creo que el último recital donde lo vi fue en Alcorta, si mal no recuerdo, hacía poco había fallecido la Negra Sosa. Cantó una canción en su memoria, de Soda Stereo, que hacía meses había regrabado con ella, Zona de promesas.
En fin. Ayer, quince de mayo, se conmemoraban cuatro años desde que Cerati está en trance. Un accidente cerebrovascular (ACV) lo dejó en coma y bajo respiración mecánica, luego de bajar del escenario en el último recital que brindó en Caracas, Venezuela.
Dentro del largo tratamiento millonario hubo muchos médicos que lo atendieron y lo siguen atendiendo, y en la última intervención quirúrgica uno de los facultativos dijo que "no volvería a ser el mismo".
Según uno de sus amigos, en una ocasión, el artista habría movido sus labios y su cabeza tras escuchar una de sus canciones propias.
Su mamá, Lilian Clark, hace cuatro años interminables que lo espera. Imagínense la desesperación y la tristeza de esa mujer y sus allegados; cuatro años en un sueño profundo sin mejoras ni bajas. Una pausa total. Un silencio abominable.
Ella, en la conmemoración de los cuatro años, dijo que por momentos sentía que su hijo, Gustavo, le agarraba la mano. Imagínense, otra vez, pero al revés, la esperanza. La esperanza, esa pequeña luz entre tanta espera. Tanta oscuridad. Hubo médicos que en su ocasión dijeron que esos "movimientos" no son más que reflejos del cuerpo en momentos casuales. Pero díganle a esa pobre madre que esa mano firme era un reflejo; que no era más que una ocurrencia tragicómica del destino, que no era una señal o un abrazo a la distancia.
Cada día de internación vale muchísima plata. Cada día de internación vale miles de lágrimas. Charly Alberti, compañero en Soda Stereo dijo, en estos días, que por momentos tenía ganas de darle una cachetada para que se despierte, otros; ganas de llorar. Hubo personas que opinaron que era mejor desconectarlo, y que siga finito a su muerte. Que ya no vale la pena. Que si despierta, sea ahora o en cuatro años más, va a ser una planta ya sin remedio ni vida. Pero para ellos hay una frase "todo lo que está enfermo, está con vida".
Otros, entre ellos, su madre, les vale más la esperanza, las ganas. Imagínense, otra vez, si ella llegara a decidir, tras la larga espera, desconectarlo; ¿no se ahogaría en preguntas que jamás tendrían solución?
"¿y si hubiera despertado? ¿y si fui yo quien lo mató? ¿y si hubiera esperado un poco más? ¿y si tan sólo mi bebé estaba durmiendo? ¿y si hubiera tenido solución? ¿y si ahora podría estar en mi regazo?
No se me ocurre qué es lo que pasa en la cabeza de Gustavo. No entiendo de medicina ni mucho menos de accidentes cerebrovasculares; pero sé que tampoco ni el más alto médico sabría decir si está muerto o está con vida; si está soñando o si está en pausa; si vale la pena o no, intentarlo.
Para mí, está imaginando canciones.
De pequeños somos esponjas que absorbemos lo malo y lo bueno. Siempre que en la escuela se ven chicos desastres, generalmente se le otorga la responsabilidad al aire que aspira en su casa. Yo de pequeña siempre fui media rara, pero bueno, vaya familia, como para no serlo. De mi hermano absorbí millones de cosas, entre ellas dos amores; el gran Velez Sarsfield y al grandísimo, Grandísimo con g mayúscula, Gustavo Cerati.
Supongo que conocerán la historia, pero un pequeño repaso no le hace mal a nadie; Gustavo Adrián Cerati fue parido en Buenos Aires casi con guitarra en mano. Músico, cantautor, compositor considerado de los más influyentes del rock iberoamericano y como un grande de la música argentina. Que tiene tantos.
La fama lo conoció al ser el vocalista, compositor y guitarrista de la banda Soda Stereo, exitosa por donde se la mire.
En la época donde no había internet y la música en una computadora era limitada, contaba con la disco grafía entera de Soda y ya con algunos CDS de él solista, luego de que se disolviera la banda, como por ejemplo el primero, Amor Amarillo. Recuerdo que era pequeña y ya sabía todas sus canciones y las cantaba y las compartía con mi hermano, era un amor enorme el que sentíamos por Cerati. No hay canción de él que no sepa, que no sienta.
Las veces que tuve el privilegio de ir a verlo lo hacía con mi hermano, era un pogo hermoso donde si bien había kilombo no había bardo y era un montón de gente del palo que se emocionaba tanto como uno al verlo en el escenario. Me acuerdo que mi hermano, que me llevaba más de dos cabezas, o tres, me abrazaba saltando para que no me golpearan ni me llevaran por delante. En otros no, claro, cuando era un poco más grande, pero igual lo vivíamos muy juntos. Eran momentos muy lindos. Creo que el último recital donde lo vi fue en Alcorta, si mal no recuerdo, hacía poco había fallecido la Negra Sosa. Cantó una canción en su memoria, de Soda Stereo, que hacía meses había regrabado con ella, Zona de promesas.
En fin. Ayer, quince de mayo, se conmemoraban cuatro años desde que Cerati está en trance. Un accidente cerebrovascular (ACV) lo dejó en coma y bajo respiración mecánica, luego de bajar del escenario en el último recital que brindó en Caracas, Venezuela.
Dentro del largo tratamiento millonario hubo muchos médicos que lo atendieron y lo siguen atendiendo, y en la última intervención quirúrgica uno de los facultativos dijo que "no volvería a ser el mismo".
Según uno de sus amigos, en una ocasión, el artista habría movido sus labios y su cabeza tras escuchar una de sus canciones propias.
Su mamá, Lilian Clark, hace cuatro años interminables que lo espera. Imagínense la desesperación y la tristeza de esa mujer y sus allegados; cuatro años en un sueño profundo sin mejoras ni bajas. Una pausa total. Un silencio abominable.
Ella, en la conmemoración de los cuatro años, dijo que por momentos sentía que su hijo, Gustavo, le agarraba la mano. Imagínense, otra vez, pero al revés, la esperanza. La esperanza, esa pequeña luz entre tanta espera. Tanta oscuridad. Hubo médicos que en su ocasión dijeron que esos "movimientos" no son más que reflejos del cuerpo en momentos casuales. Pero díganle a esa pobre madre que esa mano firme era un reflejo; que no era más que una ocurrencia tragicómica del destino, que no era una señal o un abrazo a la distancia.
Cada día de internación vale muchísima plata. Cada día de internación vale miles de lágrimas. Charly Alberti, compañero en Soda Stereo dijo, en estos días, que por momentos tenía ganas de darle una cachetada para que se despierte, otros; ganas de llorar. Hubo personas que opinaron que era mejor desconectarlo, y que siga finito a su muerte. Que ya no vale la pena. Que si despierta, sea ahora o en cuatro años más, va a ser una planta ya sin remedio ni vida. Pero para ellos hay una frase "todo lo que está enfermo, está con vida".
Otros, entre ellos, su madre, les vale más la esperanza, las ganas. Imagínense, otra vez, si ella llegara a decidir, tras la larga espera, desconectarlo; ¿no se ahogaría en preguntas que jamás tendrían solución?
"¿y si hubiera despertado? ¿y si fui yo quien lo mató? ¿y si hubiera esperado un poco más? ¿y si tan sólo mi bebé estaba durmiendo? ¿y si hubiera tenido solución? ¿y si ahora podría estar en mi regazo?
No se me ocurre qué es lo que pasa en la cabeza de Gustavo. No entiendo de medicina ni mucho menos de accidentes cerebrovasculares; pero sé que tampoco ni el más alto médico sabría decir si está muerto o está con vida; si está soñando o si está en pausa; si vale la pena o no, intentarlo.
Para mí, está imaginando canciones.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)