13 ene. 2014

La pelota no se mancha

Miles de personas mueren en el mundo. Millones. Por causas tristes, ajenas a ellas,   nacidos bajo esa maldita estrella que les regaló la religión, haciéndolos pertenecer por siempre, sin oportunidad de huir, a un lugar mejor. Son los hijos del Oriente, vomitados a su suerte, entre bombas, calles pobres y militares. Deberían prohibir, entre tantas cosas que se han prohibido, tener hijos allí. Que no crezcan más chicos entre bombas. Que no se siga agrandando el ejército de pobres almas, destinadas a quién sabe qué destino. Triste realidad es la que viven cientos de niños allí. Arrancados de los brazos de sus madres, en carretillas como muertos sin justicia. Niños que hubieran querido nacer en América Latina. O en África, en París, Ecuador: cualquier lugar hubiera sido  ideal para ellos menos en esa fogosa tierra de guerras sin sentido. Guerra por tierras, como las que tenían en la época de Colón, de Hitler, de Franco, o de las de hace más tiempo.
Guerras que, como siempre, se juegan con personas teñidas de guerrilleros aun sin siquiera entender bien la razón. Por que claro, aquellos que quieren guerra, no dan la cara, no ponen el pecho a la bala: reclutan odiadores, enseñándoles a matar a quienes podrían ser sus amigos, o un buen vecino, marcándolos, llenando sus vísceras de un odio mortal. 
En el libro 1984, el Hermano Grande destinaba 15 minutos de Odio en el día. Mostraban a los traidores en las pantallas grandes, a los forros del bando contrario, a los que había que matar. Envenenaban su sangre con bronca, bronca que ni siquiera entendían, pero pasaba en la pantalla. 
Nacieron con el odio marcado en la frente, retrasándonos miles de años, ahogando sus penas en alcoholes baratos, mujeres desprestigiadas, mantos de vergüenza,  humillación y religión.
Miles de niños que aprenden a jalar un gatillo antes que a terminar un rompecabezas. Miles de chicos que ni siquiera pueden jugar a la pelota sin tener que olvidarse de toda esa guerra mal parida. 
Un grupo de chicos jugaban a la pelota, para olvidar sus penas, sus familias, tal vez la derrota de haber nacido allí. Jugaban a la pelota, los chicos, como lo hacen en una canchita cerca de mi casa. Jugaban con una pelota, empapados de barro, risas y aire "libre". Jugaban en su aldea, cercana a la ciudad palestina de Tulkarem.

Uno de los chicos pateó bien fuerte la pelota. Tal vez recordando el odio que sentía por los que arrojaban bombas cerca de su casa. Tal vez sintiendo que era la cabeza de algún militar tarado que acribilló a algún familiar cercano, seguramente sin motivo, sin suerte. El niño pateó, la pelota, y ésta se fue al territorio enemigo. El de la desdicha. El de los innombrables.

El balón aterrizó en territorio israelí.

Y ellos, pobres, acostumbrados a la triste burocracia, esa que no hace nada, tuvieron que escribir una carta a Ban Ki Moon, a las Naciones Unidas, reclamando su derecho a jugar, a jugar a la pelota, a sentirse niños una vez, mientras puedan, en esta puta vida.


Aunque la triste realidad es que la pelota aun sigue allí.

Ojalá no les pinchen la esperanza de poder ser niños un rato más.

Ojalá no les pinchen la pelota.


11 comentarios:

  1. Muy dura y triste la vida en oriente, los chicos pagan doblemente el precio de vivir en paises gobernados por dictadores impuestos a su vez por los estados unidos. Es tan facil salvar el futuro...solo hay que salvar a los niños...pero nadie esta dispuesto a eso...

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    1. el ambiente donde se crían es muy violento, todo esto es muy violento, y parece que nunca va a acabar.

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  2. Una vez leí una frase que decía algo así: las guerras se las declaran personas ricas que se conocen entre sí para que mueran en ella personas pobres que no se conocen entre sí.

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    1. la verdad, cesar, te llevas el Oscar y las aplausos, gracias por compartir, gracias por visitar :) abrazo

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    2. ojalá un día de estos te hagas un blog y así poder leerte ahi

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    3. Gracias che, me vas a hacer poner colorado jeje. Es robado de por ahí ni se de dónde, igual pienso yo que el conocimiento es universal, no es propiedad de nadie en particular y es patrimonio de todos en general, de todos aquellos que puedan asirlo, entenderlo, aplicarlo, sentirlo. Lo del blog ..... vos sabés que me leíste la mente jeje. Un día de estos......

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  3. La historia me atrapó de una forma impresionante.
    La historia nos ha dado muchos ejemplos del sufrimiento de los niños, en donde no se puede jugar tranquilamente ni a la pelota.
    Sin embargo, me hiciste recordar la tregua de navidad, un momento de paz entre tantas balas y muertos, simplemente alrededor de una pelota.
    Un gusto leerte.

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    1. lamentablemente, nicolás, la historia esta es real. http://www.elobservador.com.uy/noticia/268905/ninos-palestinos-piden-ayuda-a-la-onu-se-les-fue-la-pelota-al-lado-israeli/
      así y todo, sigue girando el mundo..

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  4. Niños condenados al horror desde el momento de su concepción.
    Y los poderosos lucrándose a costa de su dolor.

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  5. Lo más tremendo de todo es que son niños sin infancia donde hasta los juegos son manipulados por soldados o por políticos.

    Saludos Nele

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  6. Pasarán los años y el hombre seguirá siendo el lobo del hombre, eso nunca cambiará, ni lograremos, tampoco, evolucionar en los conceptos que usamos para relacionarnos.

    Saludos

    J.

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