7 feb. 2014

Las alas de la incertidumbre

A lo largo del camino se sufren varios fieros desapegos. A veces incontables. Intratables. Otras veces menos tristes. Pero todos llevan al mismo vacío. El vacío de la extrañeza, la ausencia, del qué estará haciendo, si aún reirá. Si estará mejor con otro  o si ya no está más.


Cuando uno tiene la certeza de la muerte (que a la vez no será jamás certera) sabe que el otro murió y que  ya está. Que si pasa o no pasa algo con esa alma  es cosa de Hades y a otra cosa mariposa. Ya está. Muerto. Pero cuando alguien cercano desaparece se genera una melancolía irrecuperable que no lleva más que al maldito vacío de las preguntas sin respuesta. Del reloj que avanza y las incertidumbres que no cesan. 
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El monstruo de la dictadura lleva esa marca consigo; devoró centenares de cuerpos que nunca tuvieron la suerte de un juicio o de una victoria. Desaparecieron por ideales o por mala suerte. No volvieron, listo. Andá a saber.
 ¿Y Marita Verón? También. Andá a saber. 
Videla decía, licenciado en el tema; "Es una incógnita un desaparecido. No tiene identidad. No está ni muerto ni vivo, está desaparecido". 
Qué morboso. Bue. Ese si está muerto. Lástima que no sufrió.
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Recuerdo una de las, no sé, tres veces que mi papá me levantó la mano.  Tendría 12 años, qué se yo. Me pegó no me acuerdo por qué terrible cachetada y me quedé enojada todo el día. Berrinche. Bien caprichosa, para variar. 
Mi perro Tivo, un perro dinamita, amaba salir por aquel entonces a la calle a pasear un rato su cuerpito manchado blanco y negro para después rasquetear la puerta y volver. Lo que más amor se lleva de mi en esta vida son los animales.  El barrio sabía que era mío y el perro no hacía bardo, así que estaba todo bien con que salga solo. Esa tarde sin sol le abrí la puerta de mal modo y salió a la calle como de costumbre. Yo ya tenía un día de mierda a esa hora. Un rato más tarde se largó la lluvia, y no se quién me dijo que cuando llueve, los perros/animales pierden el rastro. Así fue que Tivo, Tivolino para sus allegados, desapareció. Un mal día ese para mí. 
¿Donde está? ¿Está? ¿Está feliz? ¿Tiene hambre? ¿Una casa lo acogió? ¿Lo tienen atado? ¿Le cortaron las alas? 
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Hace algunos post atrás contaba lo feliz que me hacía tener a mi loro de acompañante habitual en mi vida. Cuánto lo amaba, pero a la vez lo triste que me ponía tener que limitar un par de hermosas alas. Pasaba el día en mi patio, fuera de la jaula pero cerca de ella, diciendo cosas sin sentido, jugando con cositas que le traía, comiendo queso mantecoso y galletitas. Cualquier cosa comía Coco. Hasta pollo. Era un amor, se dejaba acariciar y era muy dulce.
Resultó la semana pasada que tiré un baldazo de agua en el patio de la casa y el loco éste salió volando. Agitadísimo. Lo tratamos de buscar por los techos de las casas aledañas pero sin éxito volvimos a la nuestra, con mi hermano. Al rato escuchamos, a lo lejos, un gritito. Conocido. Nuestro. Le contestamos, ilusionados, y el seguía hablándonos, casi guiándonos hacia su suerte. 
Supimos que se encontraba por las "coordenadas del gritito" en el fondo de una casa y fuimos a tocar timbre y ver qué podíamos hacer. Era la casa de atrás.
 Obviamente no es algo de todos los días que caigan dos boludos (mi hermano y yo)  a preguntarte si pueden pasar a tu patio por que se les perdió el loro. Nada de mi vida es lógico, qué le voy a hacer.
Pasamos y lo buscamos en un patio lleno de plantas hermosas y una piscina gigante. Son mis vecinos adinerados, rubios y felices de atrás, que cuando las nenas de la familia  miran por encima del muro a mi patio se horrorizan del desastre y la pobreza que, gracias a Dios para ellos y para mí, queda a un muro de distancia. Me sentía sapo de otro pozo en esa casa y me quería ir ya, pero con mi loro devuelta.
 Buscamos.
 Buscamos. 
Buscamos. Y nada. No aparecía (encima que se camuflaba  con el verde de las hojas) y me volvía loca. Se había callado, de asustado que estaba o por querer jugar a las escondidas.
Al cabo de una hora divisé unas alitas conocidas. Lo encontramos. Estaba en el árbol más alto de la casa, que también es el árbol más alto de toda la cuadra. La puta que lo parió. Parecía a propósito. Le pedimos un palo al vecino para alcanzarlo y cuando acercamos el palo al pajarín, éste se corrió y se puso más lejos. Lo odié mucho. Me dio mucha bronca, por que no estaba al alcance de nada. De mi, de bomberos, de nadie.
Nos fuimos al rato de intentar.  Le dejamos el teléfono y nos dijo buena suerte, que si lo veía accesible nos iba a llamar. Lo más tétrico de la situación fue que el padre de la familia  de la casa de atrás tenía como quince pajaritos enjaulados. Una jaula al lado de la otra. Diminutas. Sistemáticas. Ya hace rato de mi vida me había parecido horrible encerrar así a un animal del cielo. O las peceras, también, me generaban asco. Y la única, la única jaula que no tenía un pájaro sufriendo el encierro , era una para loro, que son más grandes y con palos más gruesos. 
En los siguientes tres días aún se escuchaba al pájaro gritar nuestros nombres, silbar canciones que le enseñé algún día, desde el árbol más grande de la cuadra. Le charlabamos, le silbábamos. El siempre respondía, casi como jugando. Me desesperaba saber que no estaba conmigo, pero me alegraba el hecho de saber que estaba en ese árbol, que si quería hablarme yo lo iba a escuchar. Pero  después dejó de cantar. No se lo escuchó más.
Los días pasaban y con el mis esperanzas de volverlo a tener conmigo. Me emocionaba la idea de que se encuentre libre y alto. Pero, conociéndolo, y asumiendo que vivo en una ciudad y no en el Amazonas, no me parece muy conveniente su libertad. Sin comidas, sin agua. Gatos. Lluvias.  Si, ya sé. Tiene instinto, es un animal. Blablabla. Pero jamás en su  vida se tuvo que conseguir la comida solo. 
En fin...Me pone triste. Los días pasaron, y aún hoy pasan, y yo ya no lo siento más.


¿Estará bien? ¿Estará alto? ¿Voló? ¿Murió? ¿Me extraña? ¿Tendrá miedo?  ¿Le cortaron las alas? 
¿Me odia?


29 comentarios:

  1. mala suerte con los animales o solo el destino? en una mudanza en mi adolescencia perdí a mi perro y todavía me jode... luego supe que no fue casualidad... pero todavía me jode... salu2...

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  2. "todo lo que toco lo rompo pido perdón"
    los perdí por regalarles toda la libertad que les podía dar sin dejar de abrazarlos,
    y aún así pasó.
    mala suerte la tuya y la mia, la puta vida, qué se yo.

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  3. Creo que una de las cosas que más nos pueden carcomer el bocho es no saber en qué situación se encuentra alguien que queremos. Si está desaparecido, todo resulta ser incierto...pero, ¿quien sabe? más allá de la preocupación, hay que confiar en los animales. Por naturaleza pueden sobrevivir en lugares en los que nosotros no podríamos, o nos costaría mucho más.
    Espero, de corazón, que Tivo esté feliz, en algún lugar con alguien que le haya dado el cariño que vos le diste, y que tu lorito retorne a tu casa, y si no sucede eso, entonces que aproveche la libertad y la sepa sobrellevar.
    Beso, y suerte con la búsqueda.

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    1. qué linda, gracias, ojalá, querida, ojalá.

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  4. Un bajon perder animales. Como la muerte misma supongo que es parte de la vida. INEVITABLE.
    Si andas con tiempo pasate por mi triste blog jaj, hay pan caliente. Un abrazo fuerte.

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    1. pan caliente en tu blog y en la panadería, qué gorda sería si trabajara ahí jajaja.
      si, es un bajón,...

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  5. Me ha gustado mucho tu escrito, cuántas verdades...

    Es cierto que la ausencia de quienes queremos nos llena de incertidumbre. Tu loro me ha recordado a mi cotorra, que es como un lorito en pequeño. Tiene una jaula, pero la tengo libre, lo que pasa es que ella siempre está sobre su jaula, no vuela a no ser que se asuste.

    Muchos besos. Espero y deseo que un día vuelva tu lorito.

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    1. claro, el mío andaba igual, sobre la jaula y algunos palos que le ponía ahí. Lamentablemente el susto le valió la libertad, o la desidia, no lo sé. cuidalo, son preciosas las cotorras, y tan frágiles las aves..

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  6. seguro que esta bien. igual vuelve

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  7. Que hermoso, ojalá te siga cantando de vez en cuando. Dicen que los animales no tienen alma, la verdad no lo creo, porque para mí ellos sienten, los veo cuando miro sus ojos y distingo sus expresiones. Mi Brandy (schnauzer de 2 años 6 meses) tiene sus maneras para llamar la atención y sí que lo hace.
    Me has dado idea de escribir sobre ella.

    Comparto este escrito en mi twitter, está genial, un abrazo Nele.

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    1. ya no lo hace más, es muy triste silbarle y escuchar el silencio.
      jamás pondría en duda si un animal tiene alma o no, que no tengan voz es otra cosa, tienen tanta mirada y expresión que no hace falta.

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  8. Voy a leerte más.
    Es una delicia.
    Me gusta lo que cuentas, pero más como lo cuentas.
    Gracias.

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    1. no se si amerita un wow, pero muchísimas gracias!

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  10. Yo perdí un perro, se llama (o se llamaba) Tony. Me cuelgo a veces en la calle y casi que siento que ese que vi, podría ser el. O pienso si esta todavía en la calle, cuan lejos llego o si lo cuida y lo quiere un linda familia, espero que si, pero me causa una tristeza barbara no saber con certeza.

    Y contestando a tu pregunta: no, es como mi alter ego acá jaja pero no cambia mucho del verdadero, Ivana.

    Besos!

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    1. siempre pienso en el ojalá de la linda familia, o de una linda libertad, pero muy pocas veces lo veo posible en este mundo/ciudad de mierda.
      pero bueno, ojalá, la esperanza es lo último que se pierde.
      besos para vos linda!

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  11. El dolor es proporcional al amor que sentimos por quien ya no está con nosotros. Cualquiera fuese su destino, de todas maneras incierto.

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    1. es la incertidumbre la que mata tantas veces

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  12. Me encanta como cuentas las experiencias, es muy triste perder a una mascota, por suerte aún no me ha pasado nada por el estilo. Me hago seguidora de tu hermoso blog.

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    1. jaja gracias, la verdad es que yo pienso que relato como el culo :P

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  13. Esas son las preguntas que nos hacen en realidad humanos ¿no?
    Por cierto soy Pérfida
    Un saludo coleguita

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    1. los paradigmas de la sociedad son siempre las preguntas sin respuesta a las que volvemos siempre y de las cuales no saldremos nunca

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  14. Es inolvidable esa incertidumbre del que extraña al ausente vivo, la reconozco como cualquiera, totalmente cierto. De todas formas me gustan los giros que has dado y las piruetas sobre el tema y las preguntas que te quedan. Y hasta he subrayado algo que me ha gustado y con lo que me identifico como "Lo que más amor se lleva de mi en esta vida son los animales". Pues eso. Saludos.

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    1. no hay nada más hermoso que llenarse el alma del amor animal

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  15. Pasará el tiempo, cada vez pensarás menos en el. Mejor así.

    Un abrazo

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