5 mar. 2014

La otra increíble y triste historia de la cándida Eréndira

Se hubiera visto inmersa en la  inmensa eternidad la vieja Eréndira al ver que los días pasaban y que ya no le dedicaban canciones de amor. Se hubiera visto, la señora, arropada por recuerdos y ya casi nada de esperanzas, en un vacío agonizante y lleno de desgano. Los días pasaban, otra vez y como siempre, y ya su viejo Orfeo no volvería; no volvería a abrazarla, a apuñalarla a besos, a castigarla con un ya vuelvo. No volvería, y ella lo estaba empezando a comprender.
Su antigua casa desprendía un olor a muerto impresentable. No sabía si era ya su cuerpo que empezaba a desmoronarse o tal vez su corazón que ya no servía para nada.
A la triste Eréndira lo único que la hacía levantarse de la cama y ponerse las pantuflas, eran aquellas flores del patio delantero que tan bonitas se veían y no quería que se echaran a perder entre tanto desapego.
Flores rojas, rosas, amarillas y violetas. En ellas vivía la vida que ya le faltaba desde hace rato a la pobre Eréndira. Parecían sonreír. Parecían todo aquello que alguna vez fue esa mujer.
En muchas ocasiones, la vieja, como cualquier vieja, chusmeaba al barrio desde el balcón blanco de la opaca casa. Una casa colonial. Bella, venida a abajo. El tiempo. El tiempo.
Desde allí veía cómo pasaban parejas felices por su vereda y arrancaban sin pudor las hermosas flores que tanto Eréndira había cuidado. Enfermaba de rabia al verlo; todo su trabajo, cada día de su vida, echado a perder por un par de tontos enamorados.
 Los odiaba, sus amores les daba vómitos. Refunfuñaba desde el balcón y ellos corrían, riéndo con su motín.
Eréndira no recordaba la última vez que alguien le habría regalado una flor.  Orfeo ya no tenía cara en sus recuerdos, sólo aparecía de vez en cuando en los sueños, aquellas noches donde podía dormir, para rescatar a la princesa de las pesadillas, los monstruos y los fantasmas.
Pero Orfeo ya no vivía, y ella tampoco.






Una chispa se prendió y un arco iris salió en el cielo tormentoso de Eréndira. Una noche soñó con su amor; con aquel amor oxidado, y éste, abrazados, le dijo que no se agrietara más la cara con las pérdidas del jardín, que en cada flor vivía su amor y que mientras haya flores cada primavera, no importaba cuántos idiotas apasionados las arranquen; siempre volverá a nacer una nueva. Y qué mejor destino para este jardín que ser un regalo para aquellos como ellos dos. 

Se hubiera visto, otra vez, en la tragedia de una muerte parecida a la vida, o una vida parecida a la muerte. Pero pasó algún tiempo, desde que arrancaron la primera flor de su jardín hasta que pudo realmente  luego del sueño, comprender y mirar este acto desde otra perspectiva.
Eréndira, la ahora dulce Eréndira, cuida sus flores para que algún enamorado sorprenda a su mujer tal como lo hacía Orfeo con ella. Regalando sonrisas.
Le emociona, al contrario del pasado, que sus flores terminen en los cabellos enredados de las amadas muchachas.
Siente que ahora ya de vieja tiene un propósito, cuidar y plantar sus flores con una generosa y buena razón: que su jardín sea el del amor, el amor de los otros, el viejo amor de Orfeo. El amor de ella. El amor por el. El jardín de los besos.
Así mantiene vivo su recuerdo,  y aún más las esperanzas de no ser una muerta en vida, y parecerse más a una flor que a un miserable trapo viejo.



22 comentarios:

  1. ¿Triste? Pudo generar el adorno de felicidades ajenas, y libar de la empatía. Nunca es triste lo que te engrandece.

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    1. a veces sólo hace falta un propósito :)

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    1. tal vez debas saber al final ver las cosas de una manera diferente

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  3. Lástima que existan personas que tengan tan triste vejez como Eréndira; la soledad trae malos pensamientos.

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    1. hay una canción nueva de Calamaro que dice algo así como "cuando no estás, la soledad aconseja mal"
      besos!

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  4. loable lo de la señora...
    uno con los años, al final aprende...
    salu2...

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  5. Encantador blog el tuyo, un placer haberme pasado por tu espacio.

    Saludos.

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  6. Por un momento pensé que iba a matar a los que le robaban las flores.

    Pero no.
    Muy bonito.

    Besos.

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  7. mágico relato, es una tristeza ver como arrancan las flores, que lindo es robaron de un jardín una flor para un ser amado.

    besos

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    1. son una debilidad para mí, siempre caigo a las casas de mis amigas con una flor para ellas, o para mi pelo, o qué lindo cuando me las regalan!
      yo creo que, ese es el sentido de tan lindas flores.

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  8. Certera prosa, un placer leerte.

    Besos.

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  9. Precioso!!!

    Me gusta tu forma de relatar, llena de ternura, dulce...

    Muchos besos.

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    1. gracias, a este mundo le hace falta mucha ternura..

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  10. Es una gran lección Nele. Compartir nos hace más felices, hasta nos hace soportar mejor el recuerdo de lo que fuimos.

    Besos

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    1. y también sirve para sembrar más sonrisas. muchas gracias, besos para vos!

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