29 abr. 2014

Juan Gelman y Eduardo Galeano



Eduardo Galeano y Juan Gelman compartían la misma estrella que, con diez años de diferencia, los iluminó con la poesía, la militancia, la grandeza y el periodismo; haciendo de ellos dos sentipensantes que se buscaban en los silencios de las dictaduras, o luego de ellas, para compartir la palabra. Palabras de aliento; palabras de consuelo, palabras entre amigos; palabras. Ellos vivían para mantener viva la palabra.

Entre Galeano y Gelman había una amistad dura y fuerte como el acero. Varias referencias y textos dedica Galeano a Gelman en sus libros. como por ejemplo, en El libro de los abrazos, uno que sencillamente se llama "Gelman", sobre el poeta y lo que les significó a ambos la escritura en tiempos de silencio.

En la poesía, semejantes a dos monstruos infinitamente tiernos y sinceros, aunque tajantes como un puñal que atravesaba las hojas hasta dejarlas rojas. La militancia; en sus principios, socialista el uruguayo y comunista el argentino. Qué mas daba. Más allá del partido, creo yo que lo hacían por que ahí encontraban esa perspectiva distinta a la realidad que les permitía soñar aún que el mundo podia cambiarse, ser diferente, más humano, más dulce entre tanta ácida y descomunal humanidad. Militaban. Por que creían en una tierra ajena de injustos y perseverantes ante las injusticias. Como todos los que militan.
Creían en los abrazos, en que los libros abrazaban; en que las lágrimas de otros a ellos les mojaban la cara. El periodismo. Ese periodismo que los marcó a fuego y los dejó sembrando dudas, sembrando ideas, ideas que, seguramente, a muchos incomodaban. Querían terminar con esa voz temeraria que les dictaba la orden de sentirse tristes, de sentirse culpables por aún estar vivos y libres.

Galeano, luego de tener que abandonar Uruguay para no terminar muerto, vino a la Argentina, su primer exilio antes de irse a Europa, a crear la revista Crisis, una revista que, obviamente, no duró nada. Tres años, del 73 al 76. En Agosto precisamente, donde, meses después del marzo donde empezaba la dictadura en Argentina, los panes estaban bien calientes y el horno a punto de estallar.

Decidieron cerrar la revista Crisis en Agosto por temas obvios. No daba para más. Era eso o terminar fusilados, desaparecidos; como los libros, las sonrisas, las familias y, como siempre, la palabra. Ya habían perdido a colaboradores, editores y amigos íntimos; entre ellos a Haroldo Conti y Alberto Burnichón.
Galeano explicó "Crisis fue un largo acto de fe en la palabra humana solidaria y creadora. Por creer en la palabra, en esa palabra, Crisis eligió el silencio. Cuando la dictadura militar le impidió decir lo que tenía que decir, se negó a seguir hablando".



Juan Gelman contó, cuando aún latía (aunque ahora no haya dejado de hacerlo en lo que quedó de su pluma) una pequeña anécdota sobre aquellas temibles épocas, donde él perdió a sus familiares y casi también la cabeza.

En la revista recibían infinidad de amenazas de la Tripe A, una fuerza parapolicial que solía cumplirlas. Un día lo vio a Galeano atender el teléfono, como siempre, escuchando pasible lo que le decían, casi sin asombro, ya, y éste, genuino, contestó:

-Sólo recibo amenazas de 3 a 5.






EL JUEGO EN QUE ANDAMOS


Por Juan Gelman


Si me dieran a elegir, yo elegiría
esta salud de saber que estamos muy enfermos,
esta dicha de andar tan infelices.
Si me dieran a elegir, yo elegiría
esta inocencia de no ser un inocente,
esta pureza en que ando por impuro.
Si me dieran a elegir, yo elegiría
este amor con que odio,
esta esperanza que come panes desesperados.

Aquí pasa, señores,
que me juego la muerte.


6 comentarios:

  1. Borges contó, también, varias veces, que cuando llamaban a su casa para amenazarlo durante los 70 les daba la dirección de la casa, les decía qué timbre tocar y les aseguraba que sería él mismo quien abriría la puerta... ¿Quién se anima a algo semejante hoy en día?

    Saludos

    J.

    ResponderEliminar
  2. Hace años me regalaron un libro de poesía de Gelman.
    Me resultó inasequible.
    Difícil de comprender.
    Ya sé que no quedo bien pero es la realidad.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. te doy la mano en cierto punto, he leído versos de él que son incomprensibles, pero hay muchos otros que sí vale la pena leer :)

      Eliminar