18 jul. 2015

El cerezo y el ruiseñor

"Al llegar Jane y sus dos compañeros encontraron una pequeña comunidad de hippies que vivían en algunas cabañas con monos, contra los cuales se defendían mejor que los indios, pero sin violencia. Con el techo de paja de una choza derrumbada acababan de encender una pequeña fogata al borde del agua. La mantenían brizna a brizna. Algunos dormían con el rostro cubierto de mosquitos, insensibilizados por la marihuana. Un pequeño grupo reunido alrededor del fuego minúsculo discutía con cortas frases, en un semi silencio, acerca de música, de amor, de Dios, de nada. Se apretaron un poco para agrandar el círculo y hacer lugar a los recién llegados.
Apenas se sentó, Harold comenzó a darse bofetadas en las mejillas y en la frente.
-¡Porquerías! -exclamó- ¡Imposible quedarnos aquí! ¡Vamos a pescarnos malaria!...
Su vecina sonriendo, le tendió un cigarrillo.
-¡Smoke!...They dont like it.
Sven tosía un poco.
Jane se envolvió la cara en muchas vueltas de una tela muy fina que había comprado por una monedita en un mercado. Al resplandor intermitente del fuego semejaba una extraña flor un poco maciza, o un pimpollo hinchado a punto de abrirse. Se protegió las manos y las muñecas con un poco de fango recogido al borde de la charca.
Sven no era pasto de los mosquitos. Jamás lo atacaban a él. Posó su guitarra sobre las rodillas.
-¡El amor! ¡El amor!- dijo un muchacho que venía de París - Ustedes me dan risa. ¿Qué es el amor? El deseo de acostarse y nada más.
Sven hizo sonar dulcemente una serie de acordes. Una familia de monos instalados en un techo se puso a chillar contra la música. Después se calló. En el silencio sólo quedó el fino tejido entrecruzado del vuelo de los mosquitos.
-Voy a contar una historia de amor -dijo Sven.
"En la primavera un ruiseñor se posa sobre un cerezo.
El cerezo dice al ruiseñor:
-Abre tus yemas, florece conmigo.
El ruiseñor dice al cerezo:
-Abre tus alas, vuela conmigo..."
-Todas las palmas que se juntan son parecidas- dijo el muchacho que venía de París-, tienen que concordar. Cacerola-caballo, pescado-ratón, dedo del pie-bigudí, y cada cual piensa que va a hacerlo entrar al otro en su juego.
Sven, todavía con más dulzura, lanzó otro acorde que hizo callar hasta a los mosquitos. Dijo:
-Cuento el fin de la historia...
"Entonces el ruiseñor abrió sus brotes y floreció. Y el cerezo abrió sus alas y voló llevando al ruiseñor"
El muchacho que venía de París no había comprendido bien y preguntó:
-¿Qué es eso? ¿Una fábula?
-No -dijo Sven- Es el amor.

En medio del zumbar de los mosquitos que volvía a oírse, quienes aún eran capaces de pensar soñaban, vagamente, maravillados, incrédulos, en la potencia de un amor que daba a un árbol el poder de transformar en alas sus raíces.
Sven desgranada una pequeña melodía, algunas notas, siempre las mismas. Dijo:
-Es raro...
Luego, después de un poco de música, insistió:
-Con Dios, es también raro...es la misma cosa."




--cita de Los caminos a Katmandú, de René Barjavel--

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