17 oct. 2013

Un libro ajeno contado por mí.

Yo no sé si lo que voy a decir es cierto. Yo no sé realmente de lo que estoy hablando. Yo solo ví lo que ví e interpreté lo que interpreté.
Llego a mis manos un libro que no cabería en un par de manos cualquiera; es un libro para aquellos que pueden asimilar que si existe este mundo, puede existir otro. Tan sólo es necesario que nos conduzcan hacia él, que nos induzcan a dejar de pensar en lo lógico, para pensar en lo mágico.
 Es en realidad la magia de escribir, la magia de crear. La magia que hace que si vos lo creés, existe. La magia que te inunda; que te lleva; que te acomoda en el asiento para dar vuelta a la página, casi sin preguntarte. Te mete tan dentro de la historia a contar que te sentís un participante más de esa locura que sólo vos estás leyendo. Que solo vos interpretás de esa manera. 
Ese pequeño submundo donde en el tren, en el colectivo, en la cama o en el fondo de tu casa, te hace sentir en otro lugar. La gente te ve leyendo, la gente te ve interpretando. Nadie sabe realmente lo que ocurre en esas páginas, lo que leen tus ojos, a menos que sea un excelente pispeador. 

Luigi Serafini fue un italiano que parece haber llegado a un lugar al estilo de Narnia o Harry Potter. Este caballero, sin dudas, fue  un viajante brillante.  Lo que tengo entendido es que para llegar a ese lugar sólo se necesitaba un anillo. Un anillo en especial.

El ha recorrido de norte a sur las tierras extrañas que muestra en sus páginas. Se percató, parece, de que nadie había jamás pisado ese paralelo plano poco plano. Qué estremecedor debe haber sido, creo yo, estar solito ahí. Tal vez él solo quiso dejar una huella en la historia, donde alguien, alguna vez, visitó un lugar diferente a toda esta mierda. Luigi muestra en su libro, a modo de enciclopedia, definiciones e investigaciones sobre distintos raros personajes, incluyendo la fauna y la flora de ese secretísimo lugar. Sin dudas debe haber sido un arduo trabajo (pero menos mal que se lo tomó) el de explorar y testificar sobre todo aquello que vió; imaginate tener en tus manos la posibilidad única de contar un mundo al que sólo vos fuiste, a tu propia manera. 
Serafini fue también un muy buen dibujante. Sus colores inundan cada página haciendo de una enciclopedia, una verdadera y bellísima obra de arte.
Lo que hace aún más interesante a estas 360 páginas, es que no vas a entenderlas. Ni aún la persona más inteligente del Planeta Tierra podría salir de las pobres y comunes conclusiones mundanas. Pero eso no debería ponerte mal; no siempre la persona más inteligente es aquella que ve más.
Serafini no fue ningún tonto; sabía que los chismosos habrían de ir a conocer aquel  lugar, y que las personas empezarían a hablar y hablar de lo que jamás vieron, dando cátedra por ahí, como se hace comúnmente. Fue por eso que inventó una lengua, un sistema de palabras para despistarnos, para perdernos en el camino. Donde  buscaba transmitirle al "lector"  la sensación que tienen los niños al sentarse en frente de un libro que todavía no pueden entender, a pesar de que ven que su escritura tiene sentido para los adultos, quitándole la magia, amargando el mate.

Dibujó. Dibujó y dibujó. ¡Y qué bien que lo hacía! Pocas veces he visto trazar un lápiz de esa manera. Dibujó todas las extrañas rarezas que pudo encontrar allí; colores extravagantes, formas jamás apreciadas. Moriría por ver un amanecer ahí, o que me regalen alguna flor con un aroma jamás encontrado. Una flor única. Una flor para mí.
Yo no sé si ésto muere siendo un lugar que jamás podríamos conocer, o tan sólo se olvidarán las páginas de un libro escrito por un italiano un poco loco. 
Sí, no mostraré las hojas que intentan agrandar mi panorama de lo real y lo irreal; sólo mostraré la última, que me quitó el aliento al pensar que alguien murió llevándose este secreto a la tumba.
Y, lamentablemente, yo no tengo el anillo para conocer aquel lugar.

7 comentarios:

  1. Que se le va a ser, los italianos somos grosos (?).
    En cuanto al Codex de Serafini no lo leí pero si se sobre el. Me recuerda un poco a lo que quiso hacer Antonhy Burgess en "La naranja mecánica" inventando un dialecto. Claro que Serafini fue mucho más allá.
    Por último le dejo una teoría conspirativa ¿Y si este mundo es el invento de algún escritor loco que se hace llamar "dios"?

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    1. no sé si será un escritor loco o un diseñador, programador o ingeniero informático de videojuegos o realidades virtuales. esto es mucho más 3d que un texto :P

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    1. como decía antes, no es un libro para leer, si no para disfrutar de las imágenes(si sos amante del dibujo) e interpretar lo interpretable. se llama Codex de Serafini ;)

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