24 jul. 2010

Todo pasa

Hay personas que creen que las cosas deben durar para siempre. No entienden que si la vida no dura para toda la vida, las cosas que la vida contiene, tampoco pueden durar para toda la vida. También, esas personas suelen vivir como si no tuvieran memoria, no recuerdan que hubo situaciones en sus vidas que empezaron, y terminaron. No recuerdan que un padecimiento fue tal, y luego dejó de serlo. Y entonces sucede, que algunas personas viven ciertas situaciones de sus vidas, como una catástrofe. Como algo que nunca va a pasar. Como si ese dolor llegara para quedarse para siempre. Como si alguna vez, pasaron por un dolor semejante, por una experiencia similar, y...esto también pasó.
Cierta vez, había un pintor, muy enamorado de una mujer. De tal manera estaba enamorado que ella era continuamente su fuente de inspiración. Amanecía con los ojos encendidos de amor, y cuando la veía a su lado, renacía el deseo de pintar y volver a pintar...Sus colores se encendían por la belleza de sus sentimientos.
Un día, cuando el sol comenzaba a iluminar, despertó. Y vio, que su mujer, aquella mujer que era la que tanto amaba, ya no estaba al lado izquierdo de la cama. Bueno, como no era costumbre para el esta situación, se levantó y comenzó a buscarla. Y sobre la mesa, encontró una carta, que decía..
- Me voy, y no volveré nunca más. He dejado de quererte.
Creyó que enloquecía. Desesperó. Comenzó a tirar cosas contra las paredes, y se encerró en una de las peores depresiones de un momento para otro. Y empezaron a pasar los minutos, las horas, y también los días... no comía, no tomaba agua, no vivía. Y ya cuando su cuerpo empezó a debilitarse gravemente, recordó que había un monje, no muy lejano, en un monasterio. Que conoció cuando era niño, y siempre tenía una respuesta para cada situación que él le planteara.
Y con pocas fuerzas, y un aliento de vida, tomó un tren que lo llevó a aquella vieja estación. Cuando bajó, comenzó a caminar hasta llegar a los jardines de aquel lugar. Al entrar, vio al monje caminando de espaldas, que lo reconoció por su andar...
Se acercó con un andar apresurado. Y cuando estaba allí, con su barba crecida, sus ojos decaídos, su pelo desgreñado, se puso delante del monje, a quien le resultó un rostro algo conocido pero muy desdibujado, y le contó su historia. Le contó de su dolor, le contó de su pérdida. Le contó su gran ansiedad por recuperar a aquella mujer, y su desesperación por sentir que ya no volvería nunca más.
El monje, después de mirarlo a los ojos mientras escuchaba con atención, puso una mano sobre su hombro de aquel desvalido pintor y le dijo:
-Esto, también va a pasar.
Desconcertado, asombrado por esta respuesta, sientiendo que ésta no sustentara nada del dolor que sentía, se alejó ya con el pensamiento dirijido a la mismísima muerte. Tomo aquel tren, llegó a la estación de su pueblo.
Cuando bajó las escaleras, se topó inesperadamente con una mujer, a la que se le cayeron las pertenencias. En ese encuentro, por ese choque, ambos se agacharon para levantar las cosas, y cuando se miraron, quedaron perplejamente enamorados. Nunca se habían visto en la vida, y sintieron que se conocían desde siempre. Y desde ese momento, desde ese preciso instante, no se separaron nunca más.
Entonces, una mañana también, empezó a comprender lo que aquel monje le había dicho. Sintió el deseo, la obligación de volver a verlo. De contarle todo, de decirle cuánta razón tenía. Así que tomó el tren, bajó en aquella vieja estación, entró por los jardines del monasterio y fue en busca de aquel hombre. Y cuando lo encontró, ya sin barba, los ojos llenos, colmados de amor, le contó toda esta historia. Le comentó la sabiduría que tenían las palabras de ese hombre, que cuando se las dijo, no había sabido comprender. Al terminar de contarle su historia y su moraleja, espero silenciosamente la respuesta de aquel hombre, que con ojos reflexivos lo miró desde el comienzo.
Al terminar, el monje puso otra vez aquella mano cansada sobre el hombro de aquel pintor, y le dijo:
-Esto, también va a pasar.

Uno no debe centrarse en la peor de las sensaciones y de las desgracias cuando pierde algo. Ni tampoco en la mayor de las euforias cuando lo conquista. POR QUE LAS COSAS, COMO LA VIDA MISMA, SIEMPRE PASAN...

Daniel Jorge Martinez.

4 comentarios:

  1. No se quien sos, pero creo que te amo xD No, mentira, pero me caes bien.

    Las cosas que se se cuentan con los dedos de las manos.
    1. Sos Argentina.
    2. tenes 15 años.
    3. Entras a tu secreto.
    4. tenes un blog.


    Bueno... Es un placer conocerte. Mi nombre es Magen^^ (o no, pero a nadie le importa xD)
    te invito a pasar por mi blog ;)
    http://va-et-vienns.blogspot.com/

    Nos vemos,
    Magenta, representante activa vocal de la DBS.

    ResponderEliminar
  2. yo también te encontré en tusecreto, y me re gustó tu blog (:

    saludos :3

    ResponderEliminar
  3. Yo también te encontré por tu secreto.
    Muy lindo todo lo que escribis :)

    ResponderEliminar
  4. Yo también creo que tengo una fascinación por Vos, luz de mis ojos.

    (?).

    ResponderEliminar